De “La L” a La Esquina Redonda: el Co-Laboratorio de Creación, Memoria y Cuidado del Bronx Distrito Creativo

De “La L” a La Esquina Redonda: el Co-Laboratorio de Creación, Memoria y Cuidado del Bronx Distrito Creativo

De “La L” a La Esquina Redonda
  • La Esquina Redonda del Bronx Distrito Creativo, permanece como el único inmueble en pie de los más de 48 predios que conformaban “La L”.
  • Hoy, este espacio hace parte del Bronx Distrito Creativo y funciona como Co-Laboratorio de Creación, Memoria, Cuidado y Trabajo Comunitario, liderado por la Alcaldía Mayor de Bogotá, a través de la FUGA. Mientras avanzan las obras, su ubicación temporal es la Carrera 16 # 9-28, en la localidad de Los Mártires.
  • Más que una casa, es un dispositivo cultural y comunitario que trasciende sus muros para activar memorias, saberes, historias de vida y procesos de cuidado en el territorio.
  • Sus procesos comunitarios se articulan en tres líneas: Cre-activando Territorios, Sembrando Memorias y Tejiendo el Bronx, donde confluyen arte, memoria  y trabajo colectivo, su ubicación temporal mientras las obras avanza es Carrera 16 # 9-28 en la localidad de Los Mártires. 

A diez años de la intervención de la antigua calle del Bronx, en el centro de Bogotá hay una casa que sigue en pie. No es una edificación cualquiera: es el único inmueble que permanece de los 48 predios que conformaban lo que durante años se conoció como la calle del Bronx o “La L”. Hoy, este espacio hace parte del Bronx Distrito Creativo y funciona como Co-Laboratorio de Creación, Memoria, Cuidado y Trabajo Comunitario, una apuesta liderada por la Alcaldía Mayor de Bogotá, a través de la Fundación Gilberto Alzate Avendaño – FUGA, en articulación con aliados como el Museo Nacional de Colombia, IDIPRON y el Museo de Bogotá.

Su permanencia la convirtió en símbolo. Pero su valor no radica únicamente en haber sobrevivido al proceso de transformación urbana, sino en haberse consolidado como un lugar vivo de creación, cuidado colectivo y memoria territorial. Hoy confluyen allí artistas, creadores, habitantes y exhabitantes de calle, pares comunitarios, gestores culturales, investigadores, estudiantes y vecinos del sector, en procesos donde el arte y la cultura se entienden como herramientas que posibilitan la creación orientada a la reconstrucción de la memoria colectiva y al fortalecimiento del tejido social, consolidando los vínculos comunitarios y la memoria de un territorio.

Aunque no existe información documental precisa que permita establecer con exactitud la fecha de construcción del inmueble, su arquitectura ofrece pistas claras sobre su origen. Ubicada en una esquina de trazo curvo y con una volumetría redondeada que rompe con el trazado recto y regular que caracteriza buena parte del centro de Bogotá, la casa conserva elementos propios de la arquitectura Art Decó: líneas horizontales, proporciones geométricas y detalles constructivos característicos de este estilo, ampliamente presente en la ciudad durante las primeras décadas del siglo XX. A partir de estas características, es posible situar su construcción entre 1925 y 1935, en un momento de modernización urbana y consolidación de nuevos modelos de vivienda popular destinados al arrendamiento.

Bronx Distrito Creativo

El nombre La Esquina Redonda fue dado en 2019 por el equipo del proceso, junto con el Museo Nacional de Colombia. No se trató únicamente de nombrar una forma arquitectónica. El lugar fue bautizado así porque representaba, también a nivel conceptual, lo que buscaba ser esta apuesta cultural y comunitaria: un lugar sin jerarquías, donde los diálogos, la memoria y el conocimiento circularan de manera horizontal y colectiva; una apuesta de creación colaborativa capaz de articular las pesquisas académicas con los saberes locales.

Antes de convertirse en un testigo vivo de la transformación del Bronx Distrito Creativo, fue hogar. Desde sus orígenes, la edificación fue concebida como un espacio habitacional integrado a la dinámica cotidiana del sector. Décadas más tarde, según relatan personas que habitaron el lugar, antes del desmantelamiento del Cartucho y del traslado progresivo de muchas de sus dinámicas hacia la calle del Bronx, este sector era, ante todo, una calle habitada. La casa pertenecía, según recuerdan, a una mujer de origen español y funcionaba como un inmueble de pequeños apartamentos destinados al arriendo. Allí vivían principalmente familias trabajadoras y la cotidianidad transcurría con cierta normalidad.

La transformación profunda ocurrió cuando, tras el desmantelamiento del Cartucho, buena parte de las dinámicas sociales, económicas y de microtráfico comenzaron a desplazarse hacia el Bronx. En ese proceso, la vivienda dejó de ser atractiva para quienes la habitaban originalmente. No se sabe con certeza si su propietaria la vendió, la abandonó o perdió el control del inmueble; sin embargo, lo evidente es que comenzó a ser ocupada, subdividida y transformada. Los antiguos apartamentos fueron fragmentados aún más, respondiendo tanto a necesidades habitacionales como a nuevas lógicas de uso impuestas por el contexto de la antigua “L”.

Bronx Distrito Creativo

La investigación etnográfica realizada posteriormente permitió identificar una organización interna compleja y claramente estratificada. En el primer piso se concentraban las dinámicas más visibles de la calle del Bronx: las “taquillas”, las “rockolas” y una intensa vida social asociada al microtráfico. Era un punto de tránsito constante, encuentro y permanencia, al que prácticamente cualquiera podía acceder y que funcionaba como lugar habitual para “parchar” dentro del sector.

El segundo piso presentaba una realidad más híbrida. Tanto los hallazgos materiales como los testimonios recogidos evidenciaron que allí persistían formas de vivienda relativamente estables. Se encontraron placas que identificaban apartamentos y contratos de arrendamiento con duraciones de varios meses e incluso de un año, un dato significativo si se tiene en cuenta que en otros puntos del Bronx predominaban los arriendos por horas. El inmueble, en particular, logró sostenerse como un espacio de vivienda permanente para numerosas familias. Muchas provenían de procesos de desplazamiento forzado desde distintos territorios del país y encontraban allí una posibilidad de alojamiento con menos exigencias formales que en otros sectores de la ciudad, aunque bajo normas internas claramente establecidas.

En ese mismo nivel funcionó también un jardín infantil gestionado por la propia comunidad, evidencia de la presencia de la niñez y de dinámicas de cuidado colectivo en medio de un contexto profundamente adverso. Asimismo, se identificaron bodegas informales y espacios de acumulación de objetos: electrodomésticos viejos, artículos semirreparados y diversos enseres que hablan de economías de subsistencia, oficios populares como los cachivacheros y múltiples trayectorias de vida que convergen en el sector.

El tercer piso, en contraste, estaba estrictamente restringido. Muy pocas personas podían acceder allí. Tanto los testimonios como la evidencia material muestran que la infraestructura era notablemente distinta: pisos en excelente estado, paredes bien conservadas, cocinas equipadas y presencia de objetos de lujo. Todo indicaba que este nivel estaba reservado para los “sayas”, quienes ejercían el control interno dentro de la denominada “L”. Además, contaba con una característica estratégica fundamental: una vista de casi 180 grados que permitía vigilar una de las entradas más importantes del sector, conocida como la entrada de Cobijas. Desde allí era posible observar sin ser visto, controlar los flujos y anticipar lo que ocurría en el lugar.

BDC

En conjunto, la casa funcionaba como un microcosmos de la antigua calle del Bronx. Allí convivían el microtráfico, la música, el encuentro y la fiesta, pero también las familias, la niñez, la adultez, las relaciones afectivas y las formas de supervivencia cotidiana. Era un escenario donde se hacía visible la estratificación interna del Bronx: zonas abiertas donde podían coincidir habitantes de calle, compradores ocasionales y vecinos; espacios de vivienda para familias populares de escasos recursos; y una cúspide reservada para quienes concentraban el poder y el control.

Por eso, esta casa no era solo una edificación. Era un mundo dentro de otro mundo. Un lugar que refleja de manera contundente la organización social, económica y simbólica que caracterizó a la antigua “L”, y cuya memoria resulta fundamental para comprender hoy los procesos de transformación del Bronx Distrito Creativo.

Tras la intervención realizada en 2016, la recuperación del sector no podía limitarse a una acción física o urbanística. Desde el inicio se hizo evidente la necesidad de un trabajo profundo, sostenido y construido junto a quienes habían habitado, transitado y resistido ese lugar. La comunidad reclamaba un espacio para el reconocimiento de sus historias, de los patrimonios vivos que habitan el sector, de las luchas sociales que allí se dieron y de todas aquellas expresiones culturales que existen y que fueron invisibilizadas por una sola narrativa, así como para la reconstrucción de vínculos rotos por años de exclusión y estigmatización.

En 2019 se tomó una decisión profundamente significativa: habitar esta casa y su entorno como Co-Laboratorio de Creación y Memoria. Más que recuperar una infraestructura, esta apuesta buscó anclar en un punto concreto de la ciudad los procesos comunitarios, artísticos y de memoria que venían gestándose en lo que históricamente fue conocido como la “L”. Con el tiempo, el lugar se convirtió en una huella viva de resistencia y resignificación. Sin embargo, esta apuesta no se limita a sus muros: es un dispositivo cultural y comunitario que nace en la casa, pero se despliega en diálogo constante con las calles, los cuerpos, los saberes, los patrimonios vivos y las memorias del sector.

Desde este gesto de ocupación y resignificación, el Co-Laboratorio se consolidó como una plataforma de creación, memoria y trabajo comunitario dentro del Bronx Distrito Creativo. Allí, la memoria no se conserva de forma estática: se activa a través del arte, el cuidado y el encuentro colectivo. Más que un proyecto cultural, es una apuesta por reconstruir las múltiples historias del Voto Nacional y del centro de Bogotá, reconociendo la dignidad, los saberes y las experiencias de quienes han hecho parte de la localidad de Los Mártires y del corazón de la capital.

Uno de los pilares de este proceso es el trabajo con pares comunitarios: personas que han vivido y conocido profundamente el sector y que, desde esa experiencia, se han convertido en referentes y líderes para su comunidad. En el contexto de la antigua calle del Bronx, los pares comunitarios son protagonistas de la transformación. Custodian buena parte de las historias del lugar, han participado en procesos de reducción de riesgo y daño, y hoy acompañan, orientan y lideran acciones desde el cuidado y la mediación cultural. Actúan como agentes de cambio y cuidadores del proceso colectivo, garantizando pertinencia, respeto y conexión real con las dinámicas locales.

La fuerza de esta apuesta también se expresa en sus talleres comunitarios, donde la creación artística, la memoria y el cuidado se traducen en acciones concretas. Cre-activando Territorios aplica la metodología de Investigación-Acción Participativa, integrando la investigación académica con los saberes y experiencias de vecinos de Los Mártires, el barrio Voto Nacional y el centro histórico. Este espacio produce conocimiento colectivo con fines museológicos y creativos, permite la circulación de narrativas propias del sector y su resignificación desde múltiples lenguajes artísticos.

Sembrando Memorias nació en 2019 a partir de un ejercicio sensible y alternativo de construcción de memoria en el antiguo territorio de la “L”. Su punto de partida fueron las plantas ruderales —del latín ruderis, “escombro”— que crecían espontáneamente entre las ruinas del Bronx. Estas especies, capaces de emerger en condiciones adversas, se convirtieron en símbolos de resistencia, persistencia y renovación, ofreciendo otra manera de narrar las historias de dolor, exclusión y abandono asociadas al lugar, conjugando la memoria humana con la memoria vegetal.

Tejiendo el Bronx, por su parte, es un taller de creación textil y estampación donde la costura se transforma en herramienta de sanación, intercambio de saberes y generación de ingresos. Fortalece redes de apoyo social y ofrece alternativas creativas y económicas, consolidándose como una poderosa estrategia de desarrollo comunitario y dignificación de la vida.

Con el paso de los años, el Co-Laboratorio se consolidó como un nodo clave del ecosistema cultural y creativo del centro de Bogotá. Es escenario de eventos, encuentros y procesos donde el rap, la música, el arte, la creación visual, la museografía comunitaria y la memoria dialogan con la vida cotidiana del sector. Asimismo, se ha posicionado como un punto de turismo comunitario y de derivas urbanas que invitan a recorrer el centro desde una perspectiva crítica, sensible y profundamente humana.

En ese sentido, esta apuesta constituye uno de los elementos que le otorgan un carácter diferencial al Bronx Distrito Creativo frente a otros distritos culturales. Su trabajo con la memoria, lo social y lo comunitario introduce una dimensión ética y territorial que trasciende la producción creativa. No solo recupera la memoria cultural, social y urbana del centro de Bogotá: también activa memorias vivas, acompaña procesos de reconciliación y construye una apuesta cultural comprometida con la paz, la dignidad y la justicia social.

A diez años de la recuperación del Bronx, esta casa permanece como prueba de que la ciudad no se transforma borrando el pasado, sino comprendiéndolo, resignificándolo y construyendo nuevas posibilidades desde él. Hoy, desde el Bronx Distrito Creativo y bajo el liderazgo de la FUGA como parte de la apuesta cultural de la Alcaldía Mayor de Bogotá, este espacio le recuerda a la ciudad que el cuidado también transforma, que la memoria también se habita y que la creatividad, cuando se arraiga a las historias y comunidades que la rodean, puede convertirse en una poderosa herramienta de reconstrucción del tejido social.

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